Viña

L’Entremetteuse, donde los vinos de Colchagua se despeinan

En Lolol, muy cerca del Valle de los Artistas, Laurence Real y Pablo Bastías abren su casa-viña con vinos artesanales, sidras, arte en etiquetas únicas y una experiencia de visita cálida y personal.

Cuando uno llega a L’Entremetteuse, hay algo que se siente de inmediato: no es una visita más a una viña, es entrar a una bodega que piensa, produce y comparte vino y sidra desde el corazón. La propiedad está en Ránguil, en Lolol, dentro del Valle de Colchagua, y cuesta encontrarlos, lo que hace que la llegada sea íntima y absolutamente peculiar. 

Laurence y Pablo te recibirán personalmente en su bodega como si fuera su propia casa: pequeña, cuidada, vibrante, con distintas texturas —literalmente— en cada rincón. 

Dentro, la variedad de recipientes de vinificación —acero, barricas, ánforas de cocciopesto— habla de una filosofía abierta, inquieta, sin ataduras a una sola manera de hacer las cosas. Esa diversidad no es caprichosa: es la manifestación de una búsqueda constante de expresión y de respeto por lo que cada viñedo que encuentran interesante dentro del valle puede aportar a sus vinos. 

El origen de un nombre y una mirada

El nombre L’Entremetteuse es una la declaración de intenciones de Laurence, una francesa que lleva décadas viviendo en Chile, pero quien se define como “la entrometida del valle”. Esa forma de verse en Colchagua tiene sentido cuando escuchas cómo habla de su trabajo: meterse en los viñedos, conversar con los viticultores, elegir fruta sana y luego permitir que el vino sea lo más puro posible

Laurence, pasó años trabajando en la industria local antes de crear este proyecto. Junto a Pablo, adoptaron una vida en Colchagua que no se hace desde la distancia: se instaló en la zona en 2013.

Entre sidra y vino: una historia de libertad

Parte de la narrativa del lugar va más allá del vino: sidra, destilados y mezclas también forman parte de su historia. Su primera sidra, Alai, —hecha con manzanas del papá de Pablo— fue una pieza clave en la génesis del proyecto porque les permitió pensar los vinos desde otra lógica, más libre, menos atada a técnicas rígidas y más abierta a la experimentación. 

Ver a Laurence y Pablo conversar sobre cómo y dónde aprendiendo de sidras te da una idea de su mirada: mezcla curiosidad, respeto por el producto y ganas de redimensionar lo local. 

Bajo la marca L’Entremetteuse se encuentran etiquetas que parecen casi personajes: Four Skins, un vino naranja nacido de cuatro cepas blancas fermentadas con pieles; Rouge Gorge y Entrez dans la ronde, cuvées que cambian según los hallazgos; o E, la mezcla de tintas que lleva en su cápsula los nombres de los 50 primeros amigos franceses que apostaron por ellos. 

Hay en esa colección algo que va más allá de la fruta o la técnica: una historia detrás de cada botella, un relato de comunidad, de identidad y de cariño por lo que se está construyendo, lejos de la lógica comercial dominante. 

La experiencia en L’Entremetteuse no termina con la copa. Tour + degustación se siente como conversación; y si optas por La Table de la Pituca, el almuerzo se parece más a una mesa compartida con anfitriones que a un servicio gastronómico al uso. 

Incluso existe la posibilidad de coordinar una escapada completa de fin de semana, con alojamiento y experiencias personalizadas, lo que refuerza la idea de que este lugar es un modo de vivir Colchagua, no simplemente ver Colchagua

En un valle lleno de certezas, L’Entremetteuse apuesta por inquietudes: respeto por el origen, conversación sincera, comunidad, diversidad y ganas de explorar sin prejuicios. 

Si Colchagua ya te parecía un lugar con muchas historias en vino, este rincón te mostrará que todavía quedan cosas por descubrir y compartir.

Sitio web: www.lentremetteuseandco.cl