La respuesta es clara a la pregunta ¿Cómo son los vinos de Colchagua? Infinitamente diversos. Aquí te explicamos porqué.
Cuando Twitter era Twitter, recuerdo que algún fanático del vino mencionó con gran orgullo que no le gustaban los vinos de Colchagua. Su declaración con tanto ímpetu me dejó perpleja. Ya había aprendido algo de cómo prendía la cosa, y me obligué a no enganchar contestando.
Pero me dejó una gran reflexión sobre cómo los vinos de Colchagua han cambiado en los últimos años. Tanto, que decir que no me gustan sus vinos es negar la existencia del vino por sí mismo.
Me refiero a que Colchagua ya no se puede asociar a un solo estilo de vinos, como podrían ser los tintos corpulentos de una sola variedad, con cepas de Burdeos en los años 90; tampoco a los que vinieron después y que le dieron fama, me refiero a los vinos íconos de súper precios, destinados a suavizarse con las décadas… Actualmente, su abanico de estilos y posibilidades es cada día más infinito. Y, sí sus íconos ya no necesitan años para beberlos con placer.
Hoy Colchagua es, me atrevo a decir, el valle de Chile con la mayor posibilidad de estilos y cepas que podríamos soñar tener un mismo territorio.
Desarrollo del Territorio
Todo comienza por la capacidad de haber ido desarrollando desde cero sus territorios según cercanía a los Andes o la Costa, a partir del boom chileno a mitad de los años 80; iniciando entonces por viñedos nuevos en sus zonas más cálidas y fértiles, al centro.
Como consecuencia, el Valle de Colchagua es de los pocos valles en Chile que ya pueden usar las tres indicaciones de calidad que tenemos, y que corresponden a Andes, Entre Cordillera y Costa. De allí su gran slogan: De Cordillera a Mar. Debido efectivamente, a la ubicación de sus viñedos con relación a las cordilleras que hay entre toda su extensión desde los Andes hasta el Océano Pacífico. Y en cada una de estas áreas, separadas por tipos de suelos y climas muy diversos, sus viñateros se han permitido explorar con variedades de climas cálidos, templados y fríos. Entonces, afirmativo, hace tiempo Colchagua dejó de ser territorio exclusivo de tintos de Burdeos bajo un sol demasiado intenso.
Luego, si de explorar se trata, las bodegas, del tamaño y estilo que quieran, grandes medianas y pequeñas, mínimas… están probando los más diversos contenedores para vinificación y guarda.
No te gusta el carácter dulzón que puede aportar la madera? Hay vinos sin madera.
Te gusta la madera, también los hay.
Te gusta la guarda más neutra en acero oxidable? Los hay.
El huevo de concreto, los hay.
Las tinajas de greda… también.
La mezcla de unos con otros, también.
Vinos naturales, con la menor intervención posible del hombre, hecho!
Y como si todo eso fuera poco, gracias a la porfía de unos pocos, a los nuevos viñedos desarrollados en los últimos 30 años, se suman como pequeños tesoros de variedades olvidadas, las llamadas cepas patrimoniales, como la Cepa País, la primera en llegar a Chile, y que aquí en Colchagua, por atropellos de la modernidad, no tiene el derecho a aparecer en las etiquetas de sus vinos junto a su origen. Junto a ellas, encontramos otros tesoritos del pasado, como el Semillón o Carignan.
Y a ti, ¿qué tipo de vinos te gustan de Colchagua?


