Alojamiento,  Viña

Viña La Sirca, una bodega soñada en Santa Ana

En el retirado sector de  Santa Ana hay una bodega que creció más de la cuenta, sin perder una pizca de calidez. Es La Sirca, de una familia boliviana que, como tantas otras extranjeras, se enamoró de este rincón del valle y decidió quedarse.

La primera vez que fui, la bodega era pequeña, a dos aguas, equipada con todo lo necesario para hacer vino en escala boutique. La segunda vez, apenas un par de años después, esta bodeguita, al lado de la nueva, parecía la casita del perro.

Frente a ella se levanta hoy una bodega subterránea, enterrada en uno de los montículos de Santa Ana. Desde afuera, el volumen se integra al paisaje; por dentro, el proyecto creció en serio. Dos niveles bien definidos: abajo, el patio de vendimia y la zona de vinificación; arriba, una luminosa sala de cata y degustación. Desde allí se accede a los espacios comunes: tienda, comedor y una terraza amplia con vista abierta al campo.

La escala cambió, pero el espíritu no.

Dormir en La Sirca

Del otro lado de la propiedad están sus cabañas para hospedarse, junto a un tranque que aporta silencio y frescor. Dormir aquí es otro imperdible del sector. Despertar frente a la laguna, con desayuno servido a la hora que uno prefiera, es parte de la experiencia. Si quieres prolongar el relajo, el hot tub está disponible para completar la desconexión.

Los espacios comunes son amplios, abiertos, con un verde que sorprende. El pasto —impecablemente cuidado— se extiende por toda la propiedad y refuerza la sensación de orden y tranquilidad.

En lo enológico, también están en pleno aprendizaje y evolución. Pero nada se improvisa. Trabajan con la asesoría del enólogo Marco Puyó, quien los acompaña en el desarrollo de sus vinos principalmente tintos, de cepas de Burdeos. En blancos, su estrella es la Chardonnay, con la cual hacen su vinos blanco y espumante. El crecimiento de infraestructura, va de la mano con la búsqueda de mayor precisión en bodega.

Sus dueños, la familia Étienne – Solares son cercanos y atentos. Y aunque no siempre estén personalmente, siempre hay alguien del equipo que conoce bien los vinos y guía el recorrido con claridad.

La Sirca es ya uno de los proyectos más consolidados de Santa Ana: más grande que sus vecinos, pero todavía íntimo. Un lugar donde el vino convive con hospitalidad, paisaje y una infraestructura pensada para quedarse.

Sitio web:  www.lasirca.com