Su centro vital es una casona preciosa, rodeada de viñedos, donde el vino se hace bajo el mismo techo donde se duerme, se conversa y se comparte.
Como su nombre lo dice, Caminomar está en el camino al mar, entre Santa Cruz y Pichilemu. Sector Santa Ana. Un punto intermedio donde el paisaje comienza a cambiar y el aire se vuelve más húmedo. Aquí llegaron Samuel Larraín y María José Duque buscando descanso. Lo que no sabían era que, poco a poco, el vino se les iba a meter por las venas.
Hoy de descanso queda poco. De vino y experiencias compartidas, mucho.
Una casa donde el vino se vive
Samuel —chileno— y María José —colombiana, enamorada de Chile y de Colchagua— reciben a sus visitantes personalmente. La mezcla de culturas se percibe apenas uno cruza la puerta: calidez, hospitalidad sin protocolo y una casa que no fue pensada solo para producir vino, sino para vivirlo.
La casona, construida desde cero, en lo alto de un montículo, lo explica todo. Abajo se hace y se guarda el vino. Arriba, viven. No hay separación entre proyecto y vida cotidiana. La bodega está literalmente bajo sus pies.
En un sector privilegiado por el agua, los jardines son un refugio real para las tardes calurosas del valle. Árboles, sombra y verde intenso. Mi recomendación es llegar de tarde, sin apuro. Eso sí: visitarlos sin reserva para pasar la noche puede ser un error. Es difícil irse. Las conversaciones se alargan bajo el parrón, en las galerías, en su particular bar o en la cocina que funciona como centro neurálgico de la casa. Aquí el tiempo se estira.
Vino con coherencia y mínima intervención
Samuel y María José son anfitriones generosos, gozadores, profundamente conectados con su familia y con el territorio. Y el vino es parte de esa conversación permanente.
Aprenden cada cosecha junto a asesores y expertos, y decidieron hacerlo de la manera más desafiante: con la menor intervención posible. Tanto en los viñedos que rodean la casa como en la bodega subterránea. Sin productos químicos, buscando coherencia entre campo y botella.
Caminomar es un proyecto pequeño, cuyo centro vital es una casona preciosa, rodeada de viñedos propios, donde el vino se hace bajo el mismo techo donde se duerme, se conversa y se comparte.
Dormir en Caminomar

Alojar en esa preciosa casona mezcla de estilo colonial chileno y colombiano es una experiencia que aún no hemos podido terminar. Hemos estado varias veces, disfrutando de las uvas de sus parrones, del silencio y paz de sus pasillos, de la calidez de sus anfitriones, del verdor de sus jardines… Hemos visto sus preciosas habitaciones, de mullidas camas listas para recibirnos, la sala comedor tan enorme como la cocina, su bar como ninguno… Sí, dormir aquí, es como dormir en la casa de un gran amigo, después de que se han ido sus con muchos hijos y nietos. Nuestro miedo, no querer irnos.
Sitio web: www.vinacaminomar.com


