En los Andes de Colchagua, entre ríos y bosque nativo, dormirás en acogedoras cabañas de montaña. Tumuñan es naturaleza, vino y desconexión real a solo 30 minutos de San Fernando.
Fuimos a Tumuñan con la advertencia que estaba fuera del radar en las montañas andinas de Colchagua, en el valle del Estero Tumuñán. El inglés William Evelyn —su dueño y anfitrión— lo dice así: aquí hay glaciares, ríos, guanacos… y casi nadie lo sabe.
Llegar es parte del viaje. Siempre en subida leve, hay un tramo sin asfalto, pero nada complejo para un auto citadino; cuando subimos incluso estaban pavimentando más sectores del camino. Las vistas ya anticipan lo que viene: bosque nativo, cursos de agua donde en verano dan ganas de meterse, y esa sensación de estar entrando a otro ritmo.
Nos quedamos en una de sus tres cabañas, la Cabaña del Vino, de madera, acogedora por fuera y por dentro. Linda, sencilla, sin lujos innecesarios, pero con buen televisor frente a la cama y conexión a internet estable. En la noche, después de caminar y bañarte en la piscina o en el río, el panorama puede ser igual de simple: streaming y una copa de vino del mismo viñedo o silencio bajo las estrellas.
William decidió hace años que no podía ser un restaurante abierto 24/7, aunque el espacio muy luminoso y cómodo existe previa reserva junto al bar. Entonces, optó porque cada cabaña tenga su propia cocina. Si lo pides, te llevan el desayuno en una canasta hasta la puerta. Funciona. Te sientes en casa, pero en medio del bosque.
El fundo no tiene cercos. Se puede caminar sin límites por senderos que conectan bosque nativo, quebradas y el viñedo. En invierno, nos cuenta William, los cerros se cubren de nieve. En verano, lo sentimos, la sombra de los árboles y el río son el mejor refresco. Y sí: no hay mosquitos. “Estamos demasiado alto”, dice William, con su marcado acento británico y sonrisa franca.
La Viña en Colchagua Andes
Tumuñan no es solo lodge, también es viña. El proyecto partió en 2006; la plantación vino en 2012. Son 1,2 hectáreas, unas 7.000 parras de Cabernet Sauvignon, una cepa que él describe como “dura”, resistente, pero de maduración lenta. Producen alrededor de 5.000 botellas al año, elaboradas en Viña Koyle. El trabajo es manual, con manejo simple: azufre en temporada y mínima intervención. Su foco hoy está en reducir volumen y subir calidad.
Tumuñan significa, según le contaron, “lugar para encontrarse con uno mismo”. Después de estar ahí, cobra mucho sentido. Es un destino para desconectarse, caminar sin ruido, bañarse en el río o en la piscina, y entender que Colchagua también tiene Andes profundos. Si buscas naturaleza real, vino de montaña y una experiencia sin artificios, Tumuñan vale el desvío.
Sitio web: www.vinatumunan.com

